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Dunas de Corralejo, el desierto de Fuerteventura

El entorno natural de Fuerteventura posee un incalculable valor, una belleza única y una enorme variedad de flora y fauna autóctona y singular. No en balde, cuenta con más de 48.000 hectáreas de superficie protegida para salvaguardar su máximo atractivo: la naturaleza.

Parque Natural, Paisaje Protegido, Monumento Natural, Sitio de Interés Científico, zona especial ZEPA… son algunas de las declaraciones que se afanan en defender la esencia de la isla, una increíble naturaleza, protegida y que nos protege.

Un desierto en el Oasis de la civilización

Si Miguel de Unamuno afirmaba a principios del siglo pasado que Fuerteventura es un oasis en el desierto de la civilización, las dunas de Corralejo son sin duda el máximo exponente del desierto al que se refiere.

El Parque Natural de las Dunas de Corralejo es uno de los panoramas más sobrecogedores de toda la isla de Fuerteventura, un auténtico desierto que alberga el norte de la isla.

Ubicado en el municipio norteño de Fuerteventura, La Oliva, El Parque Natural de Corralejo supone una buena parte de su territorio, más de 2.300 hectáreas de un océano de arena dorada, bañado en su extremo este por impresionantes playas de aguas turquesas.

Arena viva y con vida

La visión de las dunas no deja a nadie indiferente, transportándote a otros lugares y a otros tiempos. Ninguna construcción interfiere en su naturaleza salvaje y virgen, afanadamente protegida por su interés científico y paisajístico.

Las numerosas e interminables dunas que conforman este paraíso para la vista están formadas de arena orgánica procedente de especies que en otros tiempos tuvieron vida, pues están hechas de la erosión, durante miles de años, de las conchas que antaño habitaban moluscos y bivalvos.

Las dunas son el hogar de una enorme variedad de especies vegetales y animales, especialmente de aves. Entre ellas, no es difícil avistar un famoso guirre majorero o una simpática hubara canaria.

Gracias a la acción de los vientos alisios, el paisaje cambia cada día, las dunas se mueven, nacen, crecen y desaparecen.

Nadie que visite la isla debería marcharse sin antes admirar esta maravilla de la naturaleza. Les aseguramos que la visita merecerá la pena.